miércoles, 19 de agosto de 2026

Santa Fe hizo casi todo bien, menos lo más importante, marcar

Santa Fe comenzó su camino en los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana ante River Plate con un Campín vestido de rojo y blanco. Poco más de 32.000 aficionados acompañaron al equipo cardenal en una noche en la que había razones para ilusionarse. Al frente estaba River, con Nicolás Otamendi, el campeón fallido del mundo 2026 con Argentina, como uno de sus referentes.

Y Santa Fe salió a jugar como si no le importara qué rival tenía al frente.

Apenas habían transcurrido dos minutos cuando River tuvo su primera y tal vez la única aproximación con peligro: tiro de esquina y cabezazo que exigió una espectacular intervención de Asprilla. La respuesta cardenal no tardó. A los cinco minutos, Rodallega probó desde media distancia y obligó a Beltrán a intervenir.

El partido parecía plantearse de ida y vuelta.

Santa Fe, además, mostraba que podía. Estaba bien parado, recuperaba y cuando River intentaba avanzar, el retroceso cardenal era ordenado. A los 12 minutos llegó la primera gran oportunidad: Bustos remató y el balón terminó estrellándose contra el palo. El volante comenzaba a convertirse en uno de los hombres más importantes del partido.

El dominio no era absoluto, pero las mejores oportunidades venían del rojo bogotano.

River encontró entonces otra manera de frenar a Santa Fe: las faltas. Después de la pausa de hidratación, el equipo argentino comenzó a interrumpir con frecuencia la salida del conjunto bogotano, evitando que pudiera desarrollar con continuidad sus ataques y, de paso, tratando de quitarle ritmo al partido.

Santa Fe, sin embargo, siguió buscando.

A los 43 minutos, Bustos volvió a encontrar los palos, esta vez el travesaño. Dos remates desviados por el arco de Beltrán y varias aproximaciones dejaban claro al finalizar la primera parte que Santa Fe había hecho méritos suficientes para irse al descanso ganando.

El problema estaba en la definición.

También hubo momentos en los que algunos jugadores cardenales parecían necesitar un mayor entendimiento entre ellos. Jugadas que individualmente parecían sencillas terminaron perdiéndose por falta de esa conexión que aparece cuando un equipo juega más de memoria. En algunas posiciones todavía falta más entendimiento.

El segundo tiempo comenzó con una oportunidad todavía más clara.

Apenas a los dos minutos, Bustos quedó prácticamente solo frente a Beltrán. El arquero ya estaba vencido, pero el remate salió elevado. Era, probablemente, la mejor ocasión del partido y una de esas jugadas que después pueden terminar pesando en una serie de eliminación directa.

Santa Fe no renunció al ataque, aunque poco a poco el partido se equilibró. River comenzó a acercarse con mayor frecuencia al arco de Asprilla, aunque sin mucha claridad.

Con una segunda parte muy inferior a la primera, los cambios no se hicieron esperar. River movió primero a dos de sus jugadores y luego Repeto buscó modificar el funcionamiento cardenal. Zapata y Toscano dejaron el campo para que ingresaran Lovera y J. Torres. Más adelante, Bustos, después de una primera parte en la que pareció haberlo dejado todo, fue reemplazado por Fagúndez.

Obrián hacía un buen trabajo por la derecha, llegando varias veces hasta la línea de fondo y generando centros que pudieron convertirse en opciones de gol.

River, mientras tanto, parecía cada vez más decidido a quedarse con el empate. La señal fue evidente cuando incorporó un defensor más a su estrategia.

A unos diez minutos del final llegó otro momento de preocupación para Santa Fe. Un choque entre Asprilla y Daniel Torres estuvo cerca de sacar del partido al arquero cardenal, quien había tenido un buen desempeño. Torres quedó afectado y tuvo que ser sustituido; en la misma ventana ingresó Frasica.

Casi al final, Fagúndez tuvo una muy buena oportunidad, tal vez la única que tuvo para cambiar el partido. Recibió un balón que venía de un tiro libre, pero no logró conectar el cabezazo.

Y llegó el final.

El 0-0 dejó una sensación de desilusión en la hinchada cardenal. No porque Santa Fe hubiera jugado mal; todo lo contrario. El equipo hizo muchas cosas bien: defendió con orden, presionó, generó oportunidades y durante buena parte del partido fue superior a River.

Pero en una serie de eliminación directa hay una diferencia entre jugar mejor y sacar ventaja.

Santa Fe no consiguió convertir ninguna de las oportunidades que tuvo, incluidos dos remates de Bustos contra el palo y aquella ocasión inmejorable al comienzo del segundo tiempo. River, por su parte, pareció conformarse con llevarse a Buenos Aires un resultado que mantiene completamente abierta la serie.

Ahora el escenario cambia. En el Monumental, Santa Fe tendrá que hacer precisamente aquello que le faltó en Bogotá: anotar.

El empate no es un mal resultado para River. Para Santa Fe, después de lo mostrado en El Campín, deja la sensación de que la definición impidió ir tranquilo a Buenos Aires. El partido en Argentina será mucho más exigente: repetir el orden, la intensidad y la actitud mostrados en Bogotá, pero esta vez acompañarlos con el gol.