A los 17 minutos ya perdía. Águilas Doradas, sin hacer demasiado, encontró el gol y dejó en evidencia a un Santa Fe lento, predecible y sin intensidad. El golpe fue tan temprano como preocupante. Peor aún, antes de la media hora el visitante estuvo muy cerca del segundo, mientras el local parecía seguir en camerino.
La posesión fue un dato vacío. Santa Fe tuvo la pelota, pero no supo qué hacer con ella. Durante buena parte del primer tiempo solo registró una llegada sin peligro, sin sorpresa y sin rebeldía. El equipo tocaba, pero no lastimaba; avanzaba, pero no amenazaba.
La decisión de dejar a Rodallega en el banco y a varios titulares fuera del once inicial confirmó que el partido se jugó con la cabeza puesta en otro compromiso. El problema es que la Liga no espera, y menos en la primera fecha.
Recién sobre el final del primer tiempo apareció una reacción tímida. Un par de jugadas bien hiladas y dos aproximaciones antes del descanso permitieron disimular el mal arranque, aunque sin borrar la sensación de un equipo incómodo y sin identidad clara.
El segundo tiempo mostró otra cara. Santa Fe salió con mayor decisión y encontró el empate rápidamente por medio de Mafla. El gol no fue una obra brillante, pero sí un acto de necesidad. Era empatar o empezar el torneo con el ambiente enrarecido.
Con el marcador igualado, el equipo intentó ir por más. Zapata probó de tiro libre y obligó a una gran atajada del arquero Arboleda, quien desde ese momento empezó a convertirse en el verdadero protagonista de la noche.
El ingreso de Rodallega le dio peso ofensivo inmediato. En pocos minutos generó más peligro que todo el primer tiempo. También debutó el uruguayo Fagúndez, que mostró carácter, buena técnica y una zurda interesante, mientras Frasica entró para confirmar que desde el banco se creyó que el partido podía ganarse.
Santa Fe empujó, pero sin contundencia. Mejoró en los tiros de esquina, tuvo intención, pero volvió a carecer de precisión en los metros finales. Y cuando parecía más cerca del segundo, el equipo empezó a quedarse físicamente.
Águilas, que había estado dormido gran parte del complemento, despertó al final y tuvo su única llegada clara al minuto 85. Fue un aviso serio ante un Santa Fe ya desgastado.
La última palabra también fue del arquero visitante. Arboleda le negó el gol del triunfo a Rodallega y terminó sellando el empate, convirtiéndose sin discusión en la figura del partido.
El 1–1 final dejó sensaciones encontradas, pero sobre todo preguntas. Santa Fe mostró reacción, sí, pero también repitió errores conocidos: arranques tibios, falta de claridad y dependencia de los cambios.
El torneo apenas comienza, pero el mensaje fue claro desde la primera noche: si Santa Fe no aprende a jugar los partidos desde el minuto uno, la Liga volverá a ponerse cuesta arriba demasiado pronto.
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