El inicio del juego estuvo dominado por Vasco, que obligó a Santa Fe a permanecer en su área. Solo hasta los 19 minutos llegó la mejor oportunidad del equipo cardenal: Rodallega recibió prácticamente a quemarropa, pero Jardim respondió bien, aunque también pudo habérsela encontrado.
Durante unos cinco minutos Santa Fe consiguió tomar el control del partido. Sin embargo, ese momento terminó con una llegada de Vasco que exigió un excelente corte de Marmolejo.
Después de la pausa, el partido mantuvo la misma tendencia. Hasta que llegó el minuto 38: Vasco anotó después de anticipar a Daniel Torres. Santa Fe hasta ese momento venía jugando bien, pero en esa jugada Rodríguez quedó tocado y dejó un espacio que terminó favoreciendo la llegada del equipo brasileño.
Al final del primer tiempo, y pese a la mayor posesión de Vasco, el partido parecía más cercano al empate que a una diferencia clara. Pero el fútbol no se gana por merecimientos. El descanso le serviría a Repeto para intentar primero empatar y, si se daba la oportunidad, buscar la remontada.
La segunda parte comenzó con la misma intención de Vasco: buscar el segundo gol y mantener a Santa Fe en su propio campo.
En los primeros 12 minutos, Vasco ya había conseguido más tiros directos al arco que en toda la primera parte. Marmolejo estaba muy atento y sostenía al equipo. A los 15 minutos, Vasco ya sumaba tres remates al arco.
Repeto movió el banco: ingresaron Bustos y Toscano, mientras salieron Daniel Torres y Obrian.
Santa Fe luchaba, pero no conseguía llegar con verdadero peligro. Vasco, en cambio, insistía y, después de varios intentos, encontró el segundo gol y complicó seriamente al Cardenal. Poco después Santa Fe tuvo una oportunidad, pero nuevamente sin éxito.
El problema ya no era solamente el resultado. Santa Fe comenzaba a mostrar dificultades para reaccionar ante un Vasco que tenía el partido donde quería: presión, recuperación rápida y el equipo cardenal cada vez más lejos del arco contrario.
Con 25 minutos por jugar, Repeto intentó corregir desde la pausa, buscando que sus jugadores reaccionaran y cambiaran la historia. Pero el tiempo comenzaba a jugar en contra y Santa Fe no encontraba el camino.
Por momentos Santa Fe intentó llegar con peloteo al área, más producto de la urgencia que de una idea clara de juego. Con la diferencia en el marcador y el acoso del reloj, Santa Fe dejó de elaborar y empezó a buscar un cabezazo, una segunda jugada o alguna acción de suerte.
Y allí apareció otra de las grandes dificultades de la noche: las imprecisiones. Se perdía demasiado el balón y cada recuperación parecía terminar nuevamente en poder de Vasco. Mientras los aficionados que acompañaron al equipo empezaban a perder la esperanza, por su parte el equipo brasileño hacía todo lo posible por ampliar la ventaja.
Los cambios tampoco consiguieron modificar sustancialmente el panorama. Repeto hizo el último movimiento que tenía disponible: salió J. Torres y entró Zapata, buscando darle algo más de manejo al equipo en la mitad de la cancha.
Pero ya era demasiado tarde. Santa Fe nunca encontró una respuesta futbolística para cambiar el rumbo del partido.
Al final, Vasco da Gama avanzó y la aventura cardenal terminó en Sao Januario.
Queda ahora concentrarse en la Liga, pero también queda mucho para analizar. Más allá de la eliminación, preocupa la manera como Santa Fe terminó el partido: sin claridad, con demasiadas pérdidas de balón y dependiendo más del pelotazo y de una jugada aislada que de una propuesta capaz de poner en aprietos a Vasco.
La Copa deja buenos recuerdos, experiencia y, por supuesto, unos dólares que ojalá sean bien invertidos. Ahora toca volver a la Liga, trabajar para corregir lo que se hizo mal y buscar la clasificación para volver a estas competencias