El Campín recibió la noche a un Santa Fe obligado a sacar la cara por Colombia después de la dolorosa goleada del Tolima. La lluvia reciente no apagó el ánimo de una afición que se hizo sentir desde el pitazo inicial, confiada en que el equipo cardenal podía imponer condiciones en casa. Durante el arranque la ilusión se sostuvo con llegadas por ambos costados y una sensación de dominio que pronto se reveló incompleta. Platense avisó temprano con un gol anulado por fuera de lugar y, desde ahí, el partido perdió ritmo y empezó a jugarse más de lo que realmente se creó.
Santa Fe avanzaba con facilidad hasta tres cuartos de campo y luego se diluía en imprecisiones, centros sin rematador y pases incapaces de romper la última línea. El cántico de presión cuando el arquero visitante sacaba de meta le puso algo de picante a la noche, pero la respuesta desde el césped fue un fútbol por momentos aburrido. Ni siquiera la pausa de rehidratación, convertida en improvisada charla técnica, logró sacudir a un equipo necesitado de ideas.
La más clara para el local llegó con un acercamiento de Daniel Torres —“el canoso”, como le decía el técnico de Platense durante la pausa— que terminó apagándose sin verdadero peligro. Después, Escarpeta tuvo en un cabezazo la posibilidad de redimirse del error cometido en Liga, pero Borgogno evitó el gol con una gran atajada. Fue el reflejo de una primera parte con más intención que emociones.
Y luego vino lo anecdótico. El arquero de Platense entendió rápido que podía convertirse en protagonista demorando cada saque, provocando a la tribuna y alimentando el show que el partido no daba. La hinchada respondió con ruido y el tradicional grito irónico, mientras el tiempo añadido parecía exagerado para un encuentro tan espeso.
Así se fueron al descanso, con un 0-0 que dejó la sensación de que Santa Fe había desperdiciado la primera mitad con una inocencia preocupante. El equipo estaba obligado a mostrar carácter y personalidad, pero se fue al vestuario sin inquietar realmente el arco rival. La gente empujó bajo la lluvia y recibió muy poco a cambio.
El segundo tiempo arrancó con otra cara para Santa Fe. Apenas se reanudó el juego, Escarpeta apareció de cabeza y esta vez Borgogno no pudo evitarlo. El defensor encontró revancha y El Campín reaccionó de inmediato, liberándose por fin de la frustración acumulada en la primera parte. La tribuna se animó y el equipo pareció soltarse con la ventaja.
Pero la tranquilidad duró poco. Platense respondió casi enseguida y estuvo cerca del empate en una jugada que volvió a exponer las dudas defensivas del local. El partido ganó intensidad, aunque también fricción. Empezaron a aparecer las faltas fuertes, las discusiones y las tarjetas.
El gol obligó a los argentinos a adelantar líneas y el encuentro cambió por completo. Platense acumuló varias aproximaciones y en una de las más claras apareció Marmolejo para sostener la ventaja cardenal. Repetto seguía el partido con evidente tensión desde la línea mientras Santa Fe resistía momentos incómodos.
El técnico cardenal movió entonces el banco. Bustos salió después de una noche más marcada por la fuerza que por el juego, y también dejó la cancha Frasica. Entraron Fagúndez y Obrián, mientras Platense respondió con cambios ofensivos para buscar el empate.
Fagúndez alcanzó a ilusionar al estadio con una definición anulada por fuera de lugar, pero ya empezaba a cambiarle la cara al ataque cardenal. En la nueva pausa de rehidratación, Repetto pidió orden y paciencia, convencido de que la desesperación terminaría jugando en contra de los argentinos.
Y el plan le funcionó. Después de una gran jugada iniciada por Fagúndez, Rodallega apareció para marcar el segundo gol de Santa Fe. El Campín explotó y por un instante pareció que el local encontraba por fin la tranquilidad que había buscado toda la noche.
Sin embargo, Platense volvió a responder casi de inmediato. El descuento llegó tras una acción revisada por el VAR y confirmada en medio de la tensión de la tribuna. El partido ya no se parecía en nada al de la primera parte: había más espacios, más ataques y también más pierna fuerte. Las amarillas siguieron apareciendo en un juego cada vez más cortado.
Los minutos finales se jugaron con el partido completamente abierto. Platense empujó con todo, mientras Santa Fe tampoco renunció al ataque y buscó liquidarlo de contra. Por momentos fue un ida y vuelta constante, aunque el local prefirió muchas veces saltar líneas con pelotazos largos antes que arriesgar una salida limpia.
El gran número de amarillas reflejaron el tono físico de una segunda parte intensa y llena de interrupciones. Esta vez, incluso el largo tiempo añadido pareció justificarse. Santa Fe sufrió hasta el final, se salvó en una de las últimas jugadas y resistió con todo Platense volcado al ataque.
Al final, entre tensión, desgaste y lluvia, el equipo cardenal consiguió su primera victoria en la Libertadores. No fue una actuación brillante ni tranquila, pero sí una reacción necesaria. La noche que comenzó entre dudas terminó con alivio y con una hinchada que por fin pudo celebrar algo más que su propia fidelidad.
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